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Foto: Catalina de Sanctis Ovando, antes de entrar a la sala de audiencias. (Crédito: Rolando Andrade) |
“Que este
Tribunal y la sociedad tomen conciencia de la real responsabilidad de estas dos
personas y que era requisito que mis padres murieran para que ellos se quedaran
conmigo”, pidió la nieta Catalina de Sanctis Ovando ante el TOF 1, de San
Martín, en uno de los momentos más fuertes de su testimonio. Catalina involucró
directamente al ex oficial de Inteligencia del Batallón 601 Carlos del Señor
Hidalgo Garzón y su mujer, María Francisca Morillo, imputados por su
apropiación.
A
continuación, algunos fragmentos de la declaración de Catalina:
“Crecí
creyendo que era Carolina Hidalgo Garzón, que había nacido el 15 de
agosto. Fui criada por un militar (Carlos del Señor Hidalgo Garzón) y por ella
(María Francisca Morillo), que decía que era psicopedagoga y no era. Crecí en Belgrano.
Ahí fui a la escuela primaria y secundaria. Él pasaba mucho tiempo conmigo porque
no conseguía trabajo. En los primeros años de secundario recuerdo que él era
alcohólico y ella, enferma psiquiátrica. Mi
adolescencia fue muy dolorosa y me avergonzaban mucho. Mi identidad… no era que
tenía dudas, sino que hacía preguntas porque nací en Campo de Mayo estando a
metros del Hospital Militar o porque no había fotos de ella embarazada...”
“Empecé a
estudiar en Bellas Artes, a conocer gente que militaba por la Verdad y la Justicia. Un día estaba
preparando un final de grabado y vi la publicidad de Abuelas y las ideas se me
ordenaron. Ahí fui a decirle a Murillo -no a preguntarle- que era hija de
desaparecidos. Ella me dijo que las Abuelas mentían y que ella me lo quería
decir pero tenía miedo de que yo lo contara porque era muy comunicativa. Ella
me iba a decir que era adoptada. Pero no lo era. Después comprobé que algo que
yo creí que era un sueño había pasado: que me lo había dicho a los 6 años en el
cordón de la vereda y después se arrepintió. Y para terminar me dijo que si yo
decía algo ellos iban a ir presos. Entonces yo empecé a mentir como ellos, era
todo muy perverso”.
“Años después,
me llamaron de Abuelas o de la Conadi
para comentarme que podía ser que fuera una nieta. Yo les dije que no quería
saber nada. Al año siguiente se acercó el nieto Manuel Gonçalves Granada al
profesorado donde yo estudiaba y salí corriendo. En 2006 me
casé y cuando estaba dando clases de pilates me llevaron la citación judicial. Yo
sabía que me iba a tener que hacer un análisis, entonces empecé a postergarlo.
Mi abogado era el mismo que el de él (Hidalgo Garzón), entonces me recomendó que me fuera del
país, mejor a Paraguay porque ahí estaba Bianco que tenía al menos un nieto
apropiado. Era un lugar seguro, según este señor. En Paraguay estuve tres días
porque me sentía mal porque pasamos sin documentos. Nos fuimos a Misiones y después
a San Luis, a la quinta del hermano de Rodri, mi marido”.
“El
allanamiento fue en 2008. Fue angustiante, pero un alivio. Cuando estuvo el
resultado me citó el juez. Me llamó por mi nombre, que no me gustó, y me dio
una foto de mis viejos horrible -porque era en blanco y negro- porque yo me
quería parecer a alguien. Me dio una carta de mi mamá, me dijo que estaba mi
familia".
“Ella tuvo
un brote y yo me sentía obligada a hacerme cargo de ellos. Todo ese tiempo fue
muy difícil. Hidalgo Garzón, además, nos amenazaba y decía que nosotros lo estábamos
privando de su libertad para sacarle sus cosas”.
Catalina
contó que Hidalgo Garzón no se hacía cargo de nada y, cuando la mujer volvió de
la internación, ella tenía que bañarla y cuidarla. Fue entonces que la nieta y
su marido le pidieron al abogado una sugerencia para poder resolver qué hacer: “Y
la declaramos insana, pero yo no sabía qué pasaba con eso. En 2010 la
internamos y entonces ahí yo empecé a tener ganas de conocer a mi familia. El
abogado no me ayudaba”.
“Yo le pedí
a ella que me ayudara a ordenar. Como no lo hacía, ahí encontramos una tarjeta
como de registro de compra de ropa de bebé y decía que habían retirado ropa el
13 de agosto de 1977. Primero no le di importancia, pero después me di cuenta
de que eso era terrible, que ellos sabían, que ella sabía que había una mujer que
estaba por parir y se iba a quedar con su hija. Después encontramos una carta
del Movimiento Familiar Cristiano y ella hablaba mucho de cómo eran los partos”.
“Me di cuenta
de que yo estaba haciendo lo mismo, que no me quería hacer cargo. Y ahí me
empecé a hacer preguntas y a buscar información. Releí la carta de mi mamá. Me di cuenta
de que yo con él tenía claro el tipo de persona que era pero con ella (Morillo) me di
cuenta de que también era responsable. Ahí me empezó a molestar que me llamaran
por el nombre que ellos me habían puesto”.
“A través
de una terapeuta, cambié de abogados y tampoco me sirvió porque ellos no querían
que me cambiara el nombre. Ahí fue que decidí llamar a mi familia. Hablé con mi
tío, que no estaba muy bien de salud, y después con el primo de mi papá, Oscar,
que me mandó fotos. Ahí me pude ver. Vi fotos de mi papá lindo. Oscar me invitó
y después Iván me entregó el archivo en el que pude escuchar la voz de mis
abuelos, a los que no pude conocer. Y después fue que decidí llamar a Abuelas
para hablar con los abogados para poder volver a tener mi nombre y que me
informaran sobre la causa. Ahí les dije que quería ser querellante y empecé a
conocer nietos. Más familia, más compañeros de militancia”.
“Todo lo que
yo no quería, lo que él (Hidalgo Garzón) decía que iban a hacer las Abuelas, me
lo hizo él. Me expuso, escribió notas sobre mí en Desarrollo Político, puso
cosas en mi boca que yo no había dicho. Yo con él no tenía relación ya, pero Rodrigo le preguntó
y juntó información para cuando yo quisiera saber. Le daban
respuestas inconsistentes: que nací en Campo de Mayo porque estaban yendo a lo
de una pariente, que nací con 8 meses, con 7… siempre eran distintas las
respuestas”. ¿Te dijeron que eras hija de desaparecidos?, preguntó el abogado
de Abuelas, Mariano Gaitán, y Catalina respondió: “No. Lo que sí recuerdo es que
había como una campaña contra Abuelas. Pero
cuando yo empecé a tener un pensamiento propio me empecé diferenciar de él. Y cuando
supe que era hija de desaparecidos me empezó a insultar: ‘¡hija de subversivos!’.
“Mis papás
eran muy alegres, les gustaba hacer deportes. Mi papá jugaba al rugby y mi mamá
hacía gimnasia deportiva y nado. Iban a escuelas católicas y militaban con los
curas tercermundistas. Se conocieron en un campamento y cuando se fueron a
estudiar empezaron a militar en la JUP.
Militaron en Villa Constitución, Paraná... Sigo armando el
rompecabezas”.
“Hidalgo
Garzón siempre tuvo el hábito de escribir cartas, unas afectuosas otras con
insultos. Cuando se conoció el resultado del ADN me decía ‘la sangre criminal
tira’ o que mi mamá era una asesina. Muchas cartas las leí después porque no
las podía leer en ese momento”.
Al dirigir
sus últimas palabras al Tribunal, Catalina pidió: “En primer lugar, me parece
importante que se siga profundizando en la investigación de los implicados
directos de los juicios. Que este Tribunal y la sociedad tomen conciencia de la
real responsabilidad de estas dos personas y que era requisito que mis padres
murieran para que ellos se quedaran conmigo. Que ella es tan responsable como
él: ella es la que me dijo que era mi mamá y que me llevó en su panza. Quiero que
el Tribunal y la sociedad comprendan y sepan esto”.
El apoyo de Rodrigo
A
continuación, declaró Rodrigo Amieva, marido de Catalina, quien narró cómo su
mujer le contó sobre su origen. Le dijo que “ella siempre tuvo un recuerdo,
como un sueño, que era adoptada y que eso lo pudo confirmar”. “Ella siempre se
sintió distinta, como que era sapo de otro pozo. Cuando tenía 20 años vio una
publicidad de Abuelas y ahí se le acomodaron las fichas. Entonces les fue a
decir que era hija de desaparecidos”.
“Ahí
(Morillo) le confirmó que ella le había dicho que era adoptada pero que en el
84 se desdijo porque Abuelas ya tenía más visibilidad y se sabía lo que le podía
pasar a los apropiadores”.
“Manuel (Gonçalves)
se le había acercado a Cata en el profesorado para darle material para
despertarla: denuncias anónimas, un mapa que mostraba lo cerca que estaba el hospital
central de la casa y lo lejos que estaba Campo de Mayo, donde nació, y una
fotocopia de una partida de nacimiento que decía como fecha de nacimiento el 11
de agosto”.
“La conocí
con una identidad falsa y después todo lo que pasó fue un proceso duro. Es
inimaginable lo que le pasó, es difícil. Sin embargo, yo empecé a ver un poco
más de luz en ella. Cuando vio por primera vez una foto en la que se vio
parecida le cambio la cara... Conocer la gran familia que es Abuelas de Plaza
de Mayo, conocer a todos los nietos… Yo los veo cuando se juntan periódicamente,
que se conocen desde siempre y se acompañan y tienen sus buenos días y malos, y
siempre se encontraron. Y saber que siempre la buscaron”.
“Para mí,
mi mujer es una leona y espero que sirva de ejemplo para que otros se animen.
Me saco el sombrero”.